Recuerdo que siempre llovía en su habitación... la cama, las sillas y el escritorio empapados. Cerraba las cortinas y el tiempo volvía atrás... me tomaba fuertemente de la mano y me arrullaba hasta dormir. No pasaban quince minutos y me despertaba por los rayos y truenos que provenían de su alcoba.
A la mañana siguiente lloraba, y les exigía que solucionaran el maldito problema de su pieza “mágica”... esa en la que llovía constantemente... ellos se miraban y sonreían, casi en un gesto de burla que maldecía tanto. Deseaba tanto que parara ese ruido y me dejaran dormir.
Cuando mi padre se fue de casa nunca mas llovió en su pieza... solo en su cara... que con el tiempo se fue secando y agrietando

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